N. se enorgullece de poder mostrar aquí un segundo instante de P-Laco.
Pasa un hombre frente a un monte de basura. Arte, dice. Pasa un niño. Basura, dice.
Pasan. Leen letras, letras que resaltan brillantes sobre una pared enorgullecida de su putrefacta blancura. Basura igual a arte, dicen.
Regresan al monte, lo miran. Incrédulos, tuercen el cuello hacia la pútrida blancura. La porquería negra que pudre la blancura de la pared los vigila: aquí hay arte, dice.