Tempus fugit

                            Para D.

duerme el pasado
late vivo el presente
              futurum nihil est

Idiomas

infinidad de escritura
yace en interior
de su coraza sólo
asoma los ojos

con dos idiomas     
–los que conocen estas manos–
sólo se puede
empobrecer lo infinito



Me dejaron una traducción al Latín de este pequeño poema, la pondré en el post mismo. Gracias, Karl. :D

Scripturae infinitas

interiore iacet
tegminis solummodo
oculos relevat

duobus linguis

   –quas haec magnus noverunt–
modo possibile
depauperare infinitatem

Tras un largo hiatus, regreso.

A ustedes (ustedes saben quiénes son)

Este no-blog comenzó mientras estudiaba aún la carrera. Cerró, con una entrada atinadamente titulada 'Ceder', al finalizar dicha etapa.

Bien dice Tolkien: "not all those who wander are lost". Estos años he estado deambulando, buscando algo que era –y aún es parcialmente– inefable. Esa travesía en busca de algo sin nombre me impidió escribir con la frecuencia y pasión que me nacían bajo el manto de la licenciatura; la alegría de una boda futura –pues mientras redactaba este blog estaba comprometida– que nunca se dió; la estructura externa impuesta por la academia y creer que tenía certezas. No tenía certezas. Ni una. Sigo sin tenerlas. 

Ahora el manto de la incertidumbre, del devenir, de haber encontrado no sólo ese algo inombrable, sino que también un cúmulo de experiencias y personas valiosas, y un nuevo para quién, me permiten regresar a este no-blog.

Hoy por hoy tengo un libro publicado, y puedo afirmar que he obtenido más satisfacción de publicar en internet y poder hablar con mis lectores que de un libro impreso, publicado, festejado, vilipendiado, comprendido por unos, incomprendido por otros. Un libro impreso cuyos lectores rara vez conoceré.

No debo ser la primera escritora en decirlo: la cercanía con el lector es algo que, para mi escritura, encuentro esencial. La cercanía con el lector no se da en Twitter, Tumblr o Facebook: se da en los blogs. Ese intercambio de palabras, objeciones, empatía, halagos, e inclusive envidia o resentimiento, alimentan a la escritura y lo hacen tanto que, en mi caso, escribir sin poder recibir retroalimentación de mis lectores más allá de reseñillas o críticas contadas más por el morbo del chisme que por la crítica en sí, se ha vuelto un sinsentido absoluto.

Esto no implica que nunca volveré a publicar en impreso, pero tampoco que lo volveré a hacer. Como tantas cosas en la vida: no sé qué sucederá. A diferencia de hace cuatro años: poco me importa el ir y venir de las circunstancias sociales siempre y cuando la vida me permita sonreír a un lado de los seres que me son más queridos y tener un espacio que pueda llamar mío, un espacio que pueda ordenar, decorar y mantener como me guste. Aspiro sólo a un elemento de control: mantener mi espacio como quiero verlo. Fuera de eso, aspiro a reír, gozar, conocer gente nueva, escucharlos, abrazarlos y, sobre todo, carcajear a su lado. 

Soy una escritora supeditada a conocer la existencia de sus lectores. Me controla la escritura, me controla la existencia del lector; a diferencia, claro está, de casi todo lo que en la licenciatura me enseñaron que implicaba la práctica de la literatura.

Me doy la bienvenida de regreso a mi no-blog, y ante todo, se las doy a ustedes, lectores.

Ceder

N. presenta un texto de BaNG

Ceder a la inercia, al impulso; dejarse llevar.

Ceder al ruido, al escándalo, al dolor, al vacío; gritar.

Dejarse del odio, de la envidia, de la malsana sangre del alma envenenada y ceder, ceder ante el innoble espíritu de la bestia humano.

Ceder al vacío, ceder al abismo; crear.

Un fragmento

 

N. comparte con ustedes un fragmento del “Elogio a la Locura” de Erasmo de Rotterdam.

“XLII.

[…] Pero ¿por qué hablo de uno u otro género de locura, como si no fuera evidente que Filautía produce por todas partes encantadoras y admirables formas? ¿Cómo éste, más deforme que un mono, se ve más hermoso que Nireo? Uno, por saber tirar tres líneas con regla y compás, se considera un Euclides; otro, que es como un asno ante la lira y cuya voz suena tan falsa como la del gallo que persigue a la gallina, se cree un nuevo Hermógenes.

[…]

¿Qué puedo decir de los artistas de profesión? A todos ellos les es tan peculiar la Filautía, que a menudo se ven algunso que antes cederían la herencia paterna que el ingenio, especialmente entre los cómicos, cantantes, oradores y poetas, de los cuales el de menos valor es el que posee más insolente presunción, mayor vanidad y más elevado concepto de sí mismo. Y hallan siempre imbéciles de su calaña que los admiren, e incluso se puede asegurar que, cuanto más necios son, les salen más crecido número, pues por ser, como dije, la mayoría de los hombres vasallos de la Locura, lo peor place siempre a los más. […]”